¦   Amar es alegrarse con la alegría de los demás. Leibnitz  ¦  
Menú principal

Inicio
Galería de imágenes
Textos por temas
Enviar textos
Enviar imagen
Historial de textos
Contenido
Los 10 más
Tu cuenta
Lista de miembros
Recomienda esta web
Correo al webmaster


Información de usuarios
Bienvenido, Anónimo
Nombre de usuario

Password (contraseña)

(Regístrate)

Miembros:
Ultimo: cristho65
Nuevos Hoy: 0
Nuevos Ayer: 0
Total: 3251

Gente en línea:
Visitantes: 10
Miembros: 0
Total: 10

Buscar en Google
Buscar en Google
en internet
en esta página




Oraciones 6





Cántico de San Francisco
Omnipotente, altísimo, bondadoso, Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor.
Tan sólo Tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de Ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día,
y es bello en su esplendor
y lleva por los cielos noticias de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas,
tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego,
que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana tierra que es toda bendición;
la hermana madre tierra
que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos, y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!
¡Dichosos los que cumplen
la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén
 
 
 

La alegría como signo
Que tu alegría, Jesús brille en nuestros rostros.
Enséñanos a ser alegres como tú.
Alegres porque tanto nos amó el Padre
que te envió para nuestra salvación.
Alegres porque has venido,
has compartido nuestras penas,
y nos has dado la mayor prueba de amistad.
Alegres porque siempre estás con nosotros,
presente en nuestra historia.
Alegres porque nos estás preparando un lugar
en el que podamos compartir plenamente tu gozo.
Concédenos, Jesús, la felicidad de entregar nuestras vidas al servicio de los demás.
Y que nuestro compromiso por los marginados sea nuestra mayor  fuente de felicidad.
Concédenos la felicidad de los pobres con Espíritu, con hambre y sed de justicia.
Danos esa felicidad que sólo tú sabes dar en medio de incomprensiones y persecución.
Que las pruebas y persecuciones,
llevadas en la alegría del Espíritu,
nos ensanchen el corazón y se conviertan
en riqueza de generosidad para con todos.
Tú que eres nuestro único bien, Señor,
nos haces entrever perspectivas de gozo eterno.,
pues sabemos que cuando nos encontremos cara a cara,
nuestro corazón se llenará de un gozo inenarrable,
que nadie podrá ya sacarnos jamás.
Sabemos que en todo triunfaremos
gracias a la fuerza de tu Amor.
 

Salmo de la mano de Dios
Tú sostienes las miles de flores no miradas,
los ríos, aves y árboles; las olas y los vientos.
¡Oh cómo te desvelas atizando la lumbre
de un insecto que pudo lo mismo no haber sido!
Acudes de uno en otro:
de la piedra ignorada en el fondo del agua
al gusano que roe su madera,
como si eso pudiera serle contado un día.
Pienso el viento en el mar,
clamando en soledad siglos y siglos
—para dejarlo todo lo mismo que al principio—
desde el día que hablaste hasta que calles.
¡Oh!, ¿cómo no te olvidas siquiera un solo instante,
pues que nadie te mira y nada ha de quedar?
Si toco una piedra,
tú me la has sostenido durante miles de años,
velando cada día para que hoy estuviese.
¡Y tantas, tantas cosas,
tantos ríos corriendo sin descanso,
sin pararse a tomar aliento nunca,
tantos bosques y pájaros sin cesar floreciendo
por si algún día un hombre los mirase al pasar!…
José María Valverde
 

¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para vos nací :
¿Qué mandáis hacer de mí?…
Vuestra soy, pues me creasteis;
vuestra, pues me redimisteis;
vuestra, pues que me sufristeis;
vuestra, pues que me llamasteis;
vuestra, pues, porque me esperasteis;
vuestra, pues no me perdí:
¿Que mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo lo pongo en vuestra palma:
Mi cuerpo, mi vida y mi alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redentor,
pues por vuestra me ofrecí:
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida,
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿Qué queréis hacer de mí?…
Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid, dulce amor, decid:
¿Qué mandáis hacer de mí?
 Sta. Teresa de Jesús
 

Tú y yo nos vamos haciendo
 En ti estoy,
de ti vengo,
a ti voy.
Estás fuera de mí,
puedo encerrarme.
Estás dentro de mí,
puedo encerrarte.
No puedo dejar
de estar en ti.
Mi carne
extiende raíces
que llegan hasta ti.
Puedo olvidarlo.
Mi espíritu
es una chispa
que brota
de tu incendio.
Puedo ignorarlo.
No puedo dejar
de venir de ti.
Mis ojos
buscan su horizonte.
Mi corazón,
su hogar universal.
Puedo extraviarme
en una encrucijada.
Puedo paralizarme
en algún hogar.
No puedo dejar
de ir hacia ti.
No vi tu rostro
cuando salí de ti.
No fue una despedida.
Allí empezó
un encuentro sin orillas.
Cada tarde
añado en mi lienzo
un nuevo rasgo tuyo.
Cada tarde
añades en tu lienzo
un nuevo rasgo mío.
En medio del camino
al adivinar una frente,
al estrechar una mano,
al mirar unos ojos,
al nacer el futuro,
al morir el presente,
yo te descubro,
yo me descubro.
Dentro de mí,
los dos a la par,
uno hacia el otro,
nos vamos haciendo…
Ahora te veo,
Señor marginado,
maestro sirviendo,
madre exprimida,
padre sin nada,
infinito pidiendo,
libre clavado.
Ahora te veo,
pueblo en camino.
Y en este misterio
se pierden mis días,
mis razones
y mis sueños.
Tú y yo
nos vamos haciendo
tu pueblo.
B. González Buelta sj.
 

Oración de los sentidos

Señor Jesús:
Abre mis oídos
para escuchar
tu cálida voz
en cada sonido
que percibo.

Abre mis ojos
para observar
Tu bella luz
que se refleja
en todo lo creado.

Abre mi olfato
para sentir
Tu fragancia
exquisita y pura
en cada
ser humano.

Abre mi boca
para saborear
Tu infinita bondad
en todo
lo que acontece
en este día.

Abre mis manos
para palpar
tu presencia
en cada persona
que se acerca.

Abre mi corazón
para amarte
en todo y todos
obra perfecta
de tu creación.

Abre mi voluntad
para que la inundes
con la tuya
y así servirte
plenamente por siempre.

Amén.
Manuel Izquierdo
 
 

Oración bizantina
Serena Luz,
brillando en el centro de mi ser,
Atráeme hacia Ti
Atráeme más allá de los sentidos
Fuera de los enredos de la mente
Líbrame de los símbolos,
de las palabras
Para que yo pueda descubrir
Lo Significado
La Palabra no hablada
En la oscuridad
que vela el centro de mi ser.
Amén.
 









Recopilado por enpaz.com - silencio y contemplación

Publicado el: 2002-10-04 (3161 Lecturas)

[ Volver Atrás ]
Content ©

 




Página Generada en: 0.016 Segundos